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Cómo saber si tengo deficiencia de vitamina A

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Un nivel adecuado de vitamina A contribuye incuestionablemente a la buena salud.

Es esencial para el funcionamiento correcto de la retina, donde puede actuar evitando la ceguera nocturna, además de disminuir la probabilidad de degeneración macular relacionada con la edad, que es la causa más frecuente de ceguera en el anciano.

También existe la evidencia de que unos niveles adecuados de vitamina A en forma de carotenoides disminuyen el riesgo de algunos cánceres, ataques cardíacos y accidentes vasculares cerebrales. Por otra parte, la vitamina A refuerza el sistema inmunitario.

De allí surge la importancia que nuestro cuerpo tenga la suficiente cantidad de vitamina A que requiere, pero, entonces, nos preguntamos ¿Cómo saber si tengo deficiencia de vitamina A? Veamos primeramente las fuentes de vitamina A, para luego analizar los síntomas y riesgos de dicho déficit.

 

Fuentes naturales de la vitamina A

Existen dos formas básicas de vitamina A. Los retinoides, las sustancias activas, están contenidos en las fuentes animales, como la carne, la leche entera y los huevos. El hígado es especialmente rico en vitamina A, ya que es el lugar donde se almacena.

Las formas precursoras de la vitamina (carotenoides) se encuentran en los productos de color naranja y de hoja verde, como los boniatos, las zanahorias, las espinacas y la col lombarda. Los alimentos frescos son los que tienen la mayor cantidad de vitamina A, seguidos de los congelados.

Generalmente, los productos enlatados muestran las cifras más bajas de vitamina A. La preparación de las verduras al vapor, cocidas o a la plancha libera los carotenos que contienen.

Los alfa y betacarotenos, además de algunos otros carotenoides menos conocidos, se pueden convertir en vitamina A en el intestino delgado según las necesidades del cuerpo, por lo que no existe riesgo de sobredosis como ocurre con la forma activa.

 

Suplementos de vitamina A

Los suplementos contienen la forma activa o la forma precursora de la vitamina A. La forma activa es más recomendable para las personas con alguna dificultad en convertir los carotenoides en vitamina activa, como los mayores de 55 años o que tienen algún trastorno que afecta a la absorción de las grasas.

Hay una forma hidrosoluble de la vitamina, el retinil palmitato, que puede utilizarse mejor en este último caso. Los carotenos también están disponibles en fórmulas de base oleosa o acuosa. Hay que procurar guardar los suplementos lejos de la luz y del calor, que pueden destruirlos.

 

¿Cuál es la dosis límite de vitamina A?

Los adultos no deben tomar más de 25.000 IU al día de vitamina A en su forma activa, excepto las mujeres embarazadas. Este último grupo no debe superar las 10.000 IU al día con el fin de evitar los efectos tóxicos sobre el feto. La mejor forma de obtener vitaminas es a través de los alimentos naturales.

Una dieta rica en alimentos que contengan carotenoides es óptima, pero en caso de deficiencias nutricionales pueden ser necesarios suplementos. Los carotenoides mixtos son preferibles a las grandes dosis de vitamina A o suplementos puros de carotenos para evitar la toxicidad y maximizar los beneficios para la salud. Algunos de los carotenoides menores parecen tener efectos beneficiosos, aunque todavía no se han estudiado.

Una buena mezcla debe contener alfa y betacarotenos, además de licopeno y xantófilos. Consumir alimentos ricos en muchos carotenoides ofrece algunos beneficios -como un menor riesgo de cáncer, ataques cardíacos y accidentes vasculares cerebrales– que un suplemento no puede aportar.

 

Síntomas de deficiencia de vitamina A

Los niveles de vitamina A suficientemente bajos como para producir una deficiencia sintomática son
raros en personas con salud normal, en países industrializados.

Los síntomas de deficiencia incluyen pérdida de apetito, mala función inmunitaria que da lugar a infecciones frecuentes (especialmente respiratorias), caída del cabello, erupciones cutáneas, piel y ojos secos, dificultades visuales como ceguera nocturna, escaso crecimiento y fatiga. Generalmente, los síntomas no se manifiestan a menos que la deficiencia persista durante un período prolongado de meses.

Las deficiencias son más probables en personas que están mal nutridas (enfermos crónicos y los que tienen una afección de la absorción de grasas). Aquellas con una salud normal y un estado adecuado tienen una considerable reserva de vitamina A.

En países donde el estado nutricional tiende a ser malo y la deficiencia es más común, se ha demostrado que la vitamina A reduce la tasa de mortalidad en niños con diversas infecciones virales.

 

Factores de riesgo de deficiencia

Seguir las recomendaciones diarias de un nutriente evita la mayor parte de las deficiencias, pero en determinadas circunstancias un individuo puede requerir dosis superiores de vitamina A.

Las personas que consumen bebidas alcohólicas son más propensas a presentar deficiencia de vitamina A. Las que reciben algunos medicamentos (anovulatorios, metotrexato, colestiramina, colestipol y fármacos que actúan secuestrando la bilis) también necesitan cantidades superiores.

Las personas mal nutridas, crónicamente enfermas o que se recuperan de cirugía u otras lesiones se benefician de una mayor dosis. Las sometidas a tratamiento por cáncer, como radioterapia y quimioterapia, presentan una afección del sistema inmunitario, que puede ser reforzado con un suplemento razonable de vitamina A.

Otros trastornos que afectan al equilibrio de la vitamina A incluyen diarrea crónica, fibrosis quística y enfermedad renal o hepática Los diabéticos también tienen deficiencia de vitamina A con más frecuencia, pero pueden ser más susceptibles a la toxicidad. Cualquier suplemento para estas enfermedades debe comentarse con el médico.

Los suplementos deben tomarse preferiblemente en forma de carotenoides para evitar el riesgo de toxicidad. Las recomendaciones de la dosis varían entre 6 y 30 mg al día, aunque un término medio -unos 15 mg- es razonable.

 

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