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Remedios para la hipocondría

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La hipocondría puede definirse como una preocupación excesiva y angustiosa sobre la propia salud.

Los hipocondríacos interpretan sensaciones corporales normales o sin importancia como originadas por algún trastorno o dolencia del organismo.

Ya en los primeros textos de Medicina, Hipócrates se refería a lo que él llamaba «mal del hipocondrio». Este ilustre médico griego consideraba que el hipocondrio, región anatómica situada debajo de las costillas, era la principal zona en la que se localizaban las molestias imaginarias.

En la actualidad tiende a considerarse este trastorno como una manifestación de diferentes tipos de trastornos psíquicos (neurosis, algunos tipos de psicosis y depresiones).

Las molestias que sufre el enfermo hipocondríaco suelen ser a menudo difusas y variadas, con escasa concreción a la hora de localizarlas, involucrando frecuentemente diversas partes del organismo y adoptando un carácter cambiante y amorfo.

Es un rasgo característico de la hipocondría la incapacidad del paciente para abandonar sus quejas y su actitud interpretativa a pesar de que se le practiquen repetidas exploraciones clínicas. Aun cuando éstas no ponen de manifiesto ningún trastorno o base real a sus molestias, el hipocondríaco vive en un permanente estado de ansiedad que le hace reclamar nuevas exploraciones y atenciones médicas.

 

Remedios populares

Remedio para la hipocondría #1: Verter 1 cucharada de raíz de kava kava en 1 taza de agua y hervir por 5 minutos. Pasado ese tiempo, retirar del fuego y dejar refrescar.  Colar y tomar 1 taza al día.

Remedio para la hipocondría #2: Hervir 1 taza de agua y, cuando llegue al punto de ebullición, retirar del fuego y verter 1 cucharada de hojas de hipérico o hierba de San Juan.  Cubrir y dejar refrescar.  Colar y tomar 1 taza al día.

Remedio para la hipocondría #3: Verter 1 cucharada de raíz de valeriana en una taza de agua y luego hervir por 5 minutos.  Dejar refrescar y filtrar.  Tomar 1 taza al día.

Remedio para la hipocondría #4: Mezclar, a partes iguales, amapola, pasiflora y lúpulo y extraer 1 cucharada. Verter en 1 taza de agua que esté hirviendo y dejar refrescar.  Colar y tomar 1 taza al día.

Remedio para la hipocondría #5: Hervir ½ litro de agua y verter 3 cucharadas de hojas y flores de milenrama durante 10 minutos.  Tapar y dejar refrescar. Colar y tomar 2 tazas al día.

 

Recomendaciones

Consumir alimentos ricos en omega 3, ya que existe evidencia interesante sobre su vínculo beneficios para calmar estados de ansiedad como la hipocondría.

Hacer ejercicio, como caminar y nadar, ayuda a las personas muy ansiosas a mejorar su ánimo.

Practicar técnicas de relajación y meditación.

 

Preguntas y respuestas

¿Puede ser un exceso de preocupación por la salud un signo de hipocondría?
No necesariamente, puesto que la simple afición a la lectura e información acerca de temas médicos o relacionados con la salud no tiene por qué ser una consecuencia de la anormal preocupación acerca de la propia salud, lo cual sí constituiría un signo más típico de la hipocondría. Por el contrarío, la correcta información acerca de estos temas puede ayudar a deshacer numerosas ¡deas erróneas y prejuicios que a menudo se tienen acerca de la salud y de las enfermedades.

En la hipocondría raramente suele existir un trastorno a partir del cual se manifieste la enfermedad…
Los temores suelen elaborarse en base a sensaciones corrientes y normales, interpretadas de acuerdo con las propias ¡deas sobre la enfermedad que tiene el paciente.

¿Es cierto que todos los hipocondríacos son personas enfermas mentalmente?
No siempre. Ello es cierto en bastantes casos en los que su intensidad y aparatosidad son muy llamativas y llegan a incapacitar al enfermo para una vida normal. No obstante, existe un número no despreciable de hipocondríacos cuya personalidad les predispone a este temor a la enfermedad pero se mantiene dentro de límites que no afectan a su modo de comportarse. En tales casos, este equilibrio puede ser mantenido durante largo tiempo, viéndose truncado, en ocasiones, por alguna situación de conflicto que pone en marcha, de forma ya más visible, la enfermedad.

¿Pueden los temores hipocondríacos ocasionar una depresión?
Las personas que tienden a la hipocondría como un rasgo exagerado de su personalidad pueden acabar sufriendo una verdadera depresión. En estos casos, el trastorno depresivo se debe a la continua tensión y ansiedad ocasionada por el constante temor a la enfermedad y al desgaste psíquico que ello comporta hasta agotar al paciente.

¿Puede ser hipocondríaca una persona que se somete a frecuentes chequeos para detectar un cáncer?
En efecto. La cancerofobia, como se conoce médicamente a este desmesurado temor a padecer cáncer, suele ser uno de los temores más frecuentes en los hipocrondríacos, llegando a convertirse en una obsesión que no es despejada por la normalidad en los resultados de las exploraciones a que se somete repetidamente el que la padece.

¿De verdad estos pacientes se toman en serio sus temores o se trata de una actitud más teatral que real?
El enfermo hipocondríaco vive sus temores con un total convencimiento de su amenaza y la angustia que ello le ocasiona no se ve aliviada ni por medio de razonamientos ni por demostraciones palpables de su inexistencia.

En ciertos casos, la expresión de tales temores puede parecer afectada y hasta repetitiva. Ello se da sobre todo en las hipocondrías de larga evolución, en las cuales el paciente parece haberse instalado en su «papel» de enfermo de forma permanente.

¿Es cierto que una actitud excesivamente atenta de la familia hacia el enfermo hipocondríaco puede llegar a ser perjudicial?
Sin ninguna duda. Estas actitudes de tipo sobreprotector, generalmente motivadas por la ansiedad que despiertan en los familiares las continuas quejas del paciente, contribuyen generalmente a reforzar su actitud de constante solicitud de ayuda y a mantener los temores acerca de sus supuestas dolencias al ver que los demás son sensibles a sus quejas.

Es preciso que la actitud de los familiares en estos casos sea una actitud firme, encaminada a tranquilizarle, pero sin acceder a sus constantes demandas ni plegarse a sus deseos de conseguir mayores atenciones.

Todo ello ha de realizarse en función de las indicaciones del médico para no interferir en el plan de tratamiento.

 

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