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Mascarilla de anis para el rostro

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La planta del anís —una planta anual de flores blancas— crece en prácticamente todas las zonas templadas del planeta, incluyendo Grecia, norte de África, España, Italia, Malta, América Central y Turquía. (A la hora de comprarlo fresco, cerciórate de que se trata de anís y no de hinojo).

La mayor parte del anís —de semilla ovalada y tonos que oscilan del verde al amarillo— que se consume en Estados Unidos es importado de Turquía.

Se comercializa entero, partido o molido. De todos modos, las semillas son tan minúsculas que no es necesario molerlas; de hecho es preferible usarlas enteras, ya que el anís molido comienza a perder su intensidad bastante rápido, por lo que en caso de adquirirlo molido ha de consumirse en unos pocos meses.

En el mundo gastronómico es muy empleado el anís.   Si bien su inconfundible sabor a regaliz es parecido al del hinojo, resulta más delicado que este último y no deja sabor en la boca.

En Estados Unidos el anís suele usarse en la elaboración de dulces, pero también puede emplearse en recetas saladas.

Puede freírse ligeramente junto con otras especias para realzar el sabor de asados, curries, salsas de tomate y guisos de verduras. También se emplea para aromatizar pasteles, salsas de encurtidos, adobos, aliños para ensalada y salchichas

Su uso en el mundo de la medicina natural se remonta a épocas remotas. Los antiguos romanos eran famosos por su glotonería. Un banquete típico podía incluir camello, jirafa, jabalí, avestruz, langosta, escorpiones marinos y pájaros cantores. Tras el festín, solían comer mustaceus —un pastel especiado con semillas de anís— para favorecer la digestión. 

Tal era su demanda en el siglo xiv que el rey Eduardo I de Inglaterra, al darse cuenta de su potencial como fuente de ingresos, lo catalogó como un medicamento sujeto a impuestos. El dinero recaudado lo destinó a la reparación y mantenimiento del Puente de Londres.

En la actualidad, también se emplea  En este sentido, en las Monografías de la Comisión E alemana —que constituyen una guía terapéutica de plantas medicinales destinada a los médicos y otros profesionales de la salud alemanes— se recomienda la utilización del anís para tratar problemas digestivos.

Se afirma que el anís puede ayudar a aliviar:
• El mal aliento
• Los cólicos
• El estreñimiento
• La flatulencia
• La indigestión
• Los retortijones

El anís relaja asimismo los músculos respiratorios y, según esta guía alemana, también puede calmar los espasmos bronquiales responsables de los síntomas asmáticos.

De forma externa, el anís también puede ser aplicado, ya que relaja los musculos faciales cuando se tiene mucho estrés y que pueden ocasionar la aparición de arrugas prematuras.

 

Mascarilla de anis para las arrugas de la cara

Colocar en un recipiente un puñado de semillas de anís y luego verter una taza de agua que esté hirviendo.  Cubrir hasta que se refresque.

Posteriormente, empapar una bolita de algodón con esta preparación y pasar por el cuello y el rostro, siempre de manera ascendente, mediante suaves golpecitos.   Dejar puesta por 30 minutos y luego retirar con agua fresca. Aplicar varias veces en la semana o a diario.

 

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