Conoce

Remedios para la obesidad morbida

  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram

Las grasas son uno de los tres grupos principales en los que se puede dividir el grueso de la dieta humana. Son compuestos formados a partir de ácidos (ácidos grasos) y alcohol (glicerol) que forman largas cadenas llamadas triglicéridos. Los triglicéridos son fundamentales en muchos aspectos del metabolismo humano, tanto como precursores de otras moléculas, como formadores de la pared de la célula, y su acumulo produce depósitos de grasa necesarios para el aislamiento térmico del cuerpo humano, para lubricar la piel y para proteger ciertas estructuras entre otras funciones.

Pero las grasas tienen una función primordial que es el almacenamiento de energía; cuando se toman alimentos grasos, ciertas sustancias del tubo digestivo como la bilis fraccionan los triglicéridos que las forman en sus componentes más pequeños, para obtener energía a partir de ellos. La parte de estos componentes que no ha sido utilizada para producir energía, puesto que las necesidades ya estaban satisfechas, es transformada de nuevo en triglicéridos y acumulada en ciertas regiones del cuerpo, en el interior de unas células llamadas adi- pocitos, que juntas, forman el llamado tejido adiposo.

La grasa acumulada o tejido adiposo es un magnífico sistema de reserva energética que puede ser movilizado por el metabolismo cuando las circunstancias lo requieren, como por ejemplo, tras un ayuno prolongado. En condiciones normales, existe un equilibrio entre las grasas almacenadas y las necesidades energéticas del organismo.

■ Podemos distinguir dos tipos de grasa:
• Grasa blanca: rica en triglicéridos y sitúa-‘ da debajo de la piel y alrededor de los órganos del cuerpo humano; cumple la función de protección y reserva de energía.
• Grasa parda: pobre en triglicéridos y situada en ciertas zonas como la nuca, las axilas o entre las costillas; su misión es la de producir calor para mantener la temperatura corporal en los límites normales.

¿QUÉ ES LA OBESIDAD?
La obesidad es el exceso de tejido adiposo (grasa blanca) en el organismo, que se ma-

nifiesta como un aumento del peso corporal por encima de sus límites normales establecidos según las características de cada individuo. Es hoy en día el trastorno del metabolismo humano más frecuente y que más consultas médicas produce. No hay que confundir peso elevado con obesidad, ya que el primero puede deberse a un aumento de la masa ósea y muscular y no a un incremento del tejido graso corporal.
Las cifras de individuos obesos varían notablemente de unos países a otros; así por ejemplo en Estados Unidos se sitúa en torno a un 25% de la población, mientras que en algunos países del oeste de Europa no supera el 5%. Como después veremos son muchos
:
los factores que influyen en el desarrollo de la obesidad.
Para poder establecer los límites de peso recomendado de forma individualizada y de manera que pueda ser referido a unas tablas generales para toda la población, se calcula, mediante una fórmula matemática, el llamado índice de masa corporal (IMC), que consiste en dividir el peso en kilogramos entre la altura de la persona, medida en metros y elevada al cuadrado.
■ La tabla de referencia sería:
• El peso ideal IMC de 22,6 en los varones y de 21,1 en las mujeres.

• Límites de peso normal IMC menor de 27 en varones y de 25 en mujeres.
• Sobrepeso IMC entre 27-30 en varones o entre 25-30 en mujeres.
• Obesidad IMC mayor de 30 en ambos sexos.
• Obesidad mórbida IMC mayor de 40 en ambos sexos.
Este índice de masa corporal permite correlacionar el peso con la envergadura del individuo y sirve para hacer un diagnóstico más preciso sobre el grado de obesidad del mismo, así como para controlar el efecto de los tratamientos.
¿CUÁL ES LA CAUSA DE LA OBESIDAD?
■ Los factores que influyen en el individuo para que pueda desarrollar una obesidad son múltiples y abarcan no sólo aspectos biológicos sino también toda la esfera psicológica y social que le rodea. El papel que desempeñan cada uno de ellos no está claramente definido, y en muchas ocasiones la causa final de la obesidad no llega a ser conocida. Estos factores son:
• Factores hereditarios: el origen genético de la obesidad queda demostrado por el hecho de que los padres obesos tienen una probabilidad mayor del 75% de engendrar hijos también obesos. Es difícil distinguir si esto se produce únicamente por factores genéticos o si también influye que en estas familias se coma más que en el resto, lo que desemboque en la obesidad. Aunque no se niegue la influencia de esto último, parece demostrada la dependencia hereditaria al observar por ejemplo que los hijos adoptados por familias de obesos no desarrollan la enfermedad.
• Dieta: indudablemente la ingesta excesiva de alimento favorece la obesidad, entendiendo por excesiva aquella que proporciona más calorías de las que se queman diariamente en nuestra actividad. No obstante resulta demasiado simplista decir que la obesidad se produce porque se come demasiado. Determinados hábitos alimenticios como comer deprisa o a todas horas, o comer compulsivamente de noche, favorecen la ganancia de peso. Las dietas ricas en grasas animales y carbohidratos también apuntan en esta dirección. Las dietas abusivas y los malos hábito^ alimentarios pueden presentarse durante muchos años sin que se detecte obesidad, aunque tarde o temprano ésta empezará a producirse. Desde la infancia las personas se acostumbran a un volumen alimenticio diario del que es difícil liberarse, y que si no se regula puede desembocar cuando menos en sobrepeso a lo largo de los años, cuando el ritmo de actividad física disminuye. Esto se produce porque la alimentación excesiva en los periodos de desarrollo condiciona el número de adi-pocitos que tendrá finalmente el individuo en su tejido graso.
• Factores psicológicos: parece comprobado que determinados estados psíquicos incitan a ciertos individuos a la ingesta más o menos controlada de alimentos, generalmente hipercalóricos, como terapia para combatir la ansiedad, la depresión o simplemente el aburrimiento. Es frecuente observar que cierto tipo de individuos necesitan siempre comer algo mientras realizan ciertas actividades lú-dicas como por ejemplo ver la televisión. En los obesos, las dietas estrictas provocan signos de depresión, lo que contrasta

con el hecho de que son el grupo pobla-cional con menor incidencia de episodios depresivos salvo que, como hemos comentado, empiecen con una dieta o se preocupen en exceso por su imagen corporal, lo que puede provocarles angustia.

• Factores culturales y económicos: la incidencia de la obesidad es mayor en los grupos poblacionales con una menor preparación intelectual, sobre todo entre las mujeres; en los varones parece no observarse diferencia o incluso la relación es inversa. Algo parecido ocurre con el nivel económico; en las clases altas es frecuente observar que las mujeres suelen ser delgadas mientras que los varones mantienen un sobrepeso posiblemente relacionado con sus profesiones sedentarias. Sobre estos estereotipos caben múltiples excepciones.

Todos estos factores influyen en la tendencia a la obesidad, aunque la base de ésta es el desequilibrio que se produce entre la energía que tomamos a través de los alimentos y la que gastamos. Al fin y al cabo, no existe obesidad si casi no se come y se puede estar obeso, aunque se coma poco, si no se realiza apenas ejercicio.
La ingesta alimentaria está regulada por el apetito, que a su vez es controlado por el llamado centro del hambre y el centro de la saciedad, que se encuentran en el hipotála-mo cerebral. Diversas sustancias producidas a nivel gastrointestinal, suprarrenal y en la propia grasa estimulan o inhiben dichos centros en respuesta a la llegada o ausencia de alimentos así como según los niveles de energía almacenados; además los estímulos sensoriales ayudan a despertar el hambre o a frenar el periodo de ingesta. En la obesidad suele haber una alimentación excesiva en
probable relación con una alteración de estos centros del apetito y la saciedad, que hacen que el individuo pierda la noción de cuándo acaba la necesidad y empieza el exceso, sobre todo cuando se trata de alimentos especialmente atractivos para el gusto del individuo. Con el paso de los años el sistema digestivo se acostumbra a manejar cantidades grandes de alimento, lo que provoca que las señales producidas por el estómago cuando está lleno se retrasen, ya que se ha dilatado y agrandado progresivamente. Los obesos además tienden a subestimar la cantidad de alimento que ingieren en un 30% aproximadamente, es decir, que suelen comer al menos un tercio más de lo que dicen.
El gasto energético representa el lado contrario de este equilibrio y consiste en el consumo de energía que realiza el ser humano para mantener el funcionamiento de su organismo, su temperatura y su relación con el entorno. El metabolismo corporal supone la mayor parte del gasto que se realiza diariamente en condiciones normales; las células necesitan energía para mantener su estructura y realizar su función, ya sean las células musculares del corazón, las células nerviosas o neuronas, las del hígado, las del riñon, etc. Otra parte de la energía se consume en la producción de calor a través de reacciones químicas que mantengan la temperatura corporal adecuada; esto se produce en su mayoría en la grasa parda, como explicamos en el inicio de este capítulo. Finalmente, un 20% aproximadamente de la energía que consumimos se emplea en la actividad física diaria, siendo este punto sobre el que se puede actuar de forma más satisfactoria para equilibrar el gasto con el consumo. En general los obesos tienden a rehuir del ejercicio innecesario y a facilitarse los desplazamientos, además de no realizar ejercicio físico añadido en forma de deporte.
En resumen, la obesidad es una enfermedad con una marcada tendencia genética sobre la que actúan factores psicológicos y culturales para producir un desequilibrio entre el aporte y el gasto de energía que desemboca en una ganancia de peso paulatina. La obesidad es un problema de salud que se acompaña de un riesgo para determinadas patologías como veremos a continuación.
¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS DE LA OBESIDAD?
■ La obesidad es un factor de riesgo para padecer múltiples patologías tanto a escala metabólica o del funcionamiento de los órganos como por la sobrecarga que produce. Los principales efectos que produce son:
• Afectación cardiovascular: la obesidad se relaciona directamente con otros factores de riesgo como la hipertensión o la elevación del colesterol, potenciándolos y agravando su efecto dañino sobre el corazón y el sistema circulatorio. Además favorece la aparición de arte-rioesclerosis y aumenta el trabajo del corazón, que tiene que hacer un mayor esfuerzo para latir (puesto que está rodeado de más grasa) y tiene que movilizar un cuerpo más pesado.
• Afectación osteoarticular: el aumento de peso produce un desgaste mayor de las articulaciones, que puede pasar desapercibido en la juventud, pero que provoca dolor crónico en la edad adulta.
• Diabetes: es la principal causa de la aparición de la llamada diabetes tipo 2, que aparece generalmente en la madurez como consecuencia de la resistencia que encuentra la insulina para actuar en los tejidos por el exceso de grasa corporal.
La pérdida de peso mejora el control del azúcar en estos individuos hasta el punto de mantenerse sin medicación y sólo con dieta toda su vida.
• Afectación respiratoria: los obesos pueden presentar dificultad para ventilar sus pulmones de forma correcta por la afectación del diafragma, que es el principal músculo implicado en esta función vital. La apnea del sueño también aparece con más frecuencia en los individuos con sobrepeso.
• Otras enfermedades: la gota, los cólicos biliares, el aumento de colesterol, la insuficiencia renal y las trombosis pueden también verse potenciadas en los obesos. Algunos tipos de cáncer, como el de próstata, mama, cuello uterino o recto se han observado con mayor frecuencia en este tipo de individuos, aunque el mecanismo que justifique esta relación aún no ha sido descubierto.
Se denomina obesidad mórbida a la que por su intensidad exagerada (índice de masa corporal superior a 40 o más de 50 kg sobre el peso ideal) se acompaña de un alto riesgo de presentar complicaciones graves como la insuficiencia cardíaca, el hígado graso, la dificultad respiratoria y la diabetes incontrolable; también se asocia con un porcentaje importante de muerte súbita. El pronóstico es malo por la dificultad de curación que presenta este tipo de obesidad.
La esperanza de vida entre los individuos obesos disminuye de forma proporcional al porcentaje de sobrepeso que presenta. El riesgo de muerte súbita es tres veces superior al de la población normal, o incluso hasta diez veces superior en los casos de obesidad mórbida. Estas cifras se disparan aún más si la obesidad se asocia a otros factores de riesgo cardiovascular.

 

¿CÓMO SE TRATA LA OBESIDAD?
La obesidad es una de las enfermedades más difíciles de tratar y sobre la cual probablemente más se haya escrito. El abordaje de la misma debe incluir necesariamente un alto grado de colaboración y disciplina por parte del individuo, sin la cual todo tratamiento está destinado al fracaso.
El primer paso, como en otras muchas enfermedades, es el conocimiento por parte del obeso de las características y de los riesgos de su enfermedad, así como de los beneficios que obtendrá con la eliminación de su sobrepeso.
Todo individuo obeso que desee recibir tratamiento debe ser valorado por su médico con el fin de clasificar correctamente su obe-
.
sidad, informarse de las opciones terapéuticas y establecer un plan personalizado a cada caso. Debe tenerse mucho cuidado con las dietas milagrosas, normalmente recomendadas por algún conocido, que en muchos casos no sólo no son efectivas sino que pueden poner en peligro la salud.
Existe una serie de factores o circunstancias que colaboran con el éxito de los tratamientos para la obesidad, que responderían al arquetipo de un varón de edad media con una obesidad iniciada tardíamente y que nunca ha intentado adelgazar de manera formal; por el contrario el arquetipo que correspondería con un mal pronóstico en cuanto al éxito en el tratamiento sería el de una mujer de edad avanzada, con un largo historial de sobrepeso que ha intentado infructuosamente diversos procedimientos para perder peso.
■ Podemos dividir el tratamiento de la obesidad en tres apartados:
DIETA
• Equilibrio en la dieta: como es lógico la dieta que elimine el sobrepeso ha de ser hipocalórica, es decir, que debe proporcionar un número menor de calorías, pero en ningún caso la proporción de nutrientes necesarios para mantener un buen estado de salud. Un 55-60% de las calorías consumidas deben proceder de los hidratos de carbono, en forma de pan, verduras, hortalizas, patatas y legumbres, incluyendo también la pasta. Las proteínas deben representar el 15% de la ingesta energética y se obtienen a través de las carnes, el pescado y los huevos principalmente. En cuanto a las grasas se recomienda que aporten el 30-35% de las calorías totales mediante el consumo de carnes grasas, aceite de oliva y pescados. Es indispensa-
ble vigilar el correcto aporte de vitaminas y fibra en cualquier dieta, así como la ingesta diaria de 1,5-21 de agua. En general, se considera dieta equilibrada aquélla en la que se come prácticamente de todo sin abusar de nada en concreto, y además será hipocalórica si se restringen racionalmente las cantidades que se toman y se evitan alimentos de alto contenido calórico y no se consume alcohol.
Dieta personalizada: Debe siempre adecuarse la dieta a los gustos, a los horarios y a las características socioeconómicas del individuo, lo que ayudará a evitar el fracaso de la misma. No es conveniente prohibir categóricamente determinados grupos alimenticios si con ello se genera ansiedad en el individuo; es preferible «negociar» el consumo de ciertos alimentos y asegurarse así un mejor cumplimiento de la dieta en general. Hábitos alimenticios: es muy importante modificar en la medida de lo posible y de forma paulatina algunas costumbres que favorecen la obesidad y aplicar otras que pueden resultar beneficiosas:
– Incrementar la frecuencia de las comidas, siendo recomendable un mínimo de cinco diarias, sobre todo sin saltarse el desayuno, y procurando no comer entre horas.
– Comer a pequeños bocados, despacio y masticando bien; comer sentado y a poder ser en el mismo sitio siempre.
– Utilizar platos pequeños, no repetir, no comer dos cosas a la vez y no realizar otras tareas mientras se come.
– Levantarse de la mesa tan pronto como se finalice cada comida; pasear o realizar cualquier actividad durante las horas en las que habitualmente se come innecesariamente.
– Ir a la compra con una lista cerrada y siempre después de haber comido.
– Solicitar ayuda a los familiares y amigos para poder cumplir cualquier dieta de la mejor manera posible.
EJERCICIO
Una disminución en la cantidad de calorías que diariamente se toman debe acompañarse de un aumento en el gasto de las mismas, con el fin de que se traduzca en una pérdida real de peso. Sin ejercicio físico, un individuo con un modo de vida sedentario puede mantener su mismo peso aunque emplee dietas de adelgazamiento más o menos estrictas.
El ejercicio debe estar adaptado a la capacidad de cada persona, siendo recomendables de forma general la natación, la bicicleta y caminar. Es importante que resulte placentera su realización y que no se imponga de forma rigurosa, sino que exista un margen variable en su intensidad y periodicidad según la voluntad del individuo.


  


Te puede interesar

Recursos humanos y empleo

consultorio esoterico

Remedios de jugos curativos

Belleza natural

loading...

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*