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Remedios mal de altura o mal de montaña

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El mal de altura es un estado patológico producido por la carencia de oxígeno que sufre el organismo en las ascensiones realizadas sin la debida aclimatación a altitudes superiores a los 3.000 metros.

Principalmente se produce a raíz de la baja concentración de oxígeno en el aire, ya que disminuye progresivamente a medida que aumenta la altitud. Asimismo ejerce cierta influencia el también paulatino descenso de la presión atmosférica.

Los síntomas pueden variar en función de la altura ascendida y de las condiciones individuales. En la mayoría de los casos se limitan a molestias como dolor de cabeza, náuseas, perturbaciones del sueño y una cierta dificultad para respirar.

En los casos más graves, que no suelen producirse por debajo de los tres mil metros, la insuficiencia respiratoria progresa, llevando a un embolia pulmonar, con tos seca, sensación de ahogo, esputos sanguinolentos y fuertes dolores de cabeza.

Menos frecuente, pero más grave aún, es el edema cerebral que se manifiesta por alucinaciones visuales y auditivas, marcha titubeante, torpeza en los movimientos y violentos dolores de cabeza; todos estos síntomas pueden ir progresando hasta el coma e incluso la muerte.

Las reacciones orgánicas ante la altitud difieren de unos individuos a otros. Los síntomas más benignos del mal de montaña aparecen en las tres cuartas partes de los escaladores que ascienden por primera vez a altitudes superiores a los 4.000 m, pero algunos incluso se ven afectados a menos de 3.000 metros.

 

Remedios populares

Remedio mal de altura o mal de montaña #1: Masticar un pedazo de raíz de jengibre fresco o tomar una infusión con 1 cucharada de raíz de jengibre, previamente lavada y picada, en 1 taza de agua que esté hirviendo.  Cubrir y dejar refrescar.  Colar y tomar 1 taza cuando se sienta el malestar.

Remedio mal de altura o mal de montaña #2: Tomar 1 taza de infusión de ginkgo biloba 24 horas antes de volar o escalar.

Remedio mal de altura o mal de montaña #3: Verter en una taza de agua 5 g de raíz seca de rhodiola y hervir durante 5 minutos. Cubrir y dejar refrescar. Filtrar y tomar 1 taza cuando se sienta el malestar.

Remedio mal de altura o mal de montaña #4: Tomar entre 1 y 15 g de reishi o ganoderma cada día en tres dosis iguales un día antes de escalar.

Remedio mal de altura o mal de montaña #5: Masticar 4 gramos de hojas de coca.

Remedio mal de altura o mal de montaña #6: Verter 1 cucharada de raíz de regaliz, previamente lavada y picada, en una taza de agua. Hervir por5 minutos.  Cubrir y dejar refrescar.  Colar y tomar. 

Remedio mal de altura o mal de montaña #7: Hervir 1 cucharada de clavo de olor en una taza de agua durante 5 minutos.  Cubrir y dejar refrescar.  Colar y tomar 1 taza.

Remedio mal de altura o mal de montaña #8: Hacer una infusión con 1 cucharadita de tomillo en una taza de agua que esté hirviendo.   Cubrir y dejar refrescar.  Colar y tomar 1 taza.

 

Recomendaciones

La prevención de este trastorno se consigue estableciendo un plan de aclimatación adecuado y contando en la excursión o expedición con la experiencia de un escalador avezado, cuyos consejos serán de gran importancia para evitar las complicaciones del mal de montaña

 

Preguntas y respuestas

¿Cómo afecta al organismo el mal de montaña?
La presión barométrica del aire a nivel del mar es aproximadamente de 760 mm de mercurio. Esta presión es necesaria para que se produzca el intercambio de gases entre los capilares y los alvéolos pulmonares durante el proceso respiratorio. A medida que se asciende, decrece la presión barométrica y, por tanto, el oxígeno del aire inspirado. Al ocurrir esto, en el organismo se ponen en marcha mecanismos de cambio destinados a que también decrezca la presión de oxígeno en el interior de los vasos sanguíneos; si se sube muy deprisa, no hay tiempo para que se originen dichos cambios, con lo cual no puede aprovecharse el oxígeno inspirado y sobreviene el mal de montaña.

¿A qué es debido que una persona pueda sufrir el mal de montaña al ascender a 3.000 m y, sin embargo, existan ciudades a esta misma altura cuyos habitantes no tienen este problema?
El mal de montaña se debe principalmente a la baja concentración de oxígeno en el aire y, naturalmente, hay la misma cantidad de oxígeno en una ciudad que en una cima si ambas se encuentran a la misma altitud.

Lo que ocurre es que existe una diferencia entre los escaladores y los habitantes de esa ciudad: estos últimos están habituados, ya desde generaciones, a las condiciones de la altura y en su organismo se han producido unos cambios que obvian ese tipo de problemas. Los escaladores de altas cimas conocen este detalle y para evitar el mal de montaña instalan campamentos de aclimatación donde permanecen el tiempo suficiente para que su organismo pueda soportar una atmósfera pobre en oxígeno sin sufrir molestias.

¿En qué consisten los períodos de adaptación?
La ascensión en un corto lapso de tiempo a una altura superior a 7.000 m produce unos efectos que llevan a la pérdida del conocimiento en tan sólo cinco minutos y a la muerte en pocas horas. Sin embargo, si un escalador realiza la aclimatación adecuada puede permanecer a esa altitud durante semanas sin necesidad de oxígeno suplementario.

Por ello en los ascensos a grandes altitudes los expedicionarios realizan estancias en campamentos intermedios situados a diferentes cotas, dando tiempo al organismo para adaptarse a las condiciones adversas debidas a la disminución de oxígeno. El cuerpo humano reacciona produciendo algunos cambios en su funcionamiento -entre otros, el aumento de glóbulos rojos- para asegurar el aporte de oxígeno a todos los tejidos del organismo.

¿Es posible que una larga temporada en el Himalaya acabe provocando mal de montaña crónico?
Sí. Se trata del mal de montaña crónico o enfermedad de Monge, debido a una mala adaptación cuando se permanece un cierto tiempo en un ambiente pobre en oxígeno. El mal de montaña crónico no se debe tanto a la escasez de oxígeno como a problemas relacionados con la adaptación del organismo a este ambiente. El descenso a zonas de menor altitud o la administración de oxígeno son los únicos tratamientos posibles.

¿Por qué cuando vamos a una gran altura en avión no sufrimos el mal de montaña?
Los modernos aviones comerciales vuelan a velocidades cercanas a los mil kilómetros por hora y a alturas que van de los 8.000 a los 12.000 m. Sin embargo, esta gran altitud no nos afecta porque la cabina está presurizada, es decir, mantiene la presión atmosférica dentro de unos límites próximos a los del nivel del mar. También la concentración de oxígeno es suficiente y, por tanto, no puede darse el mal de montaña ni en la tripulación ni en los pasajeros.

 

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