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Remedios para tener huesos fuertes

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Los huesos constituyen la armazón que sostiene el cuerpo, protegen las visceras y sirven de palancas para la actuación de los músculos.

Además, en muchos casos albergan órganos hematopoyéticos, formadores de los elementos figurados de la sangre, y sirven de almacén de calcio. Según la manera como se originan, se distinguen dos tipos de huesos: huesos dérmicos o de membrana y huesos de cartílago o endocondrales.

Están recubiertos de una membrana fibrosa, llamada periostio; la mayoría poseen una médula o cavidad medular, sustancia blanca que contribuye a la formación de nuevo tejido y que tiene un papel importante en la hematopoyesis.

La masa dura, dispuesta alrededor de la medula, está constituida por tejido óseo denso o compacto. La cavidad medular, principalmente en ambos extremos del hueso, está atravesada o rellena de hueso esponjoso o reticular. El tejido óseo compacto y el esponjoso tienen idéntica composición.

El hueso esponjoso de la epífisis está integrado por numerosas laminillas óseas o tra-béculas, las cuales están orientadas hacia determinados puntos focales de esfuerzo o tensión; de este modo se consigue un máximo de resistencia con un mínimo de material.

Se distinguen en el hueso dos fracciones diferentes: la materia orgánica, llamada osteina, y la materia inorgánica, constituida por sales de calcio, principalmente fosfato tricálcico (75 %) y carbonato calcico (10 %). La proporción entre ambos materiales varía con la edad, aumentando con ella la fracción inorgánica.

Los huesos introducidos durante algún tiempo en ácidos diluidos se descalcifican y conservan sólo la materia orgánica; se hacen flexibles, pero mantienen su forma y su estructura. Un hueso cuya sustancia orgánica se ha eliminado por incineración se torna blanco, ligero y muy frágil.

Siendo un tejido vivo, el hueso está integrado por células (osteocistos) y por una sustancia intercelular formada de fibras colágenas impregnadas de sales calcicas. En las superficies exterior e interior del hueso las laminillas de fosfato y carbonato calcico se disponen paralelamente a la periferia, mientras que en la porción interna constituyen varios grupos de cilindros concéntricos alrededor de sendos conductos de Havers, en los cuales se hallan vasos sanguíneos y nervios.

Las unidades concéntricas así estructuradas se denominan sistemas de Havers. La forma y estructura de los huesos están en armonía con su situación y sus funciones. Los huesos sometidos a potentes fuerzas están reforzados interiormente, y en los puntos de inserción de músculos o tendones presentan una superficie rugosa.

Los huesos se clasifican por su forma en largos (tibia, radio, cubito, fémur, peroné), anchos o planos (frontal, parietales, etc., rodean las cavidades que contribuyen a formar) y cortos (vértebras, carpianos). Los huesos largos presentan un cuerpo central alargado o diáfisis y dos extremos o epífisis. Las epífisis lisas están recubiertas de cartílago y se articulan con otros huesos; si son redondeadas, se denominan cabezas o cóndilos; si son casi planas, se llaman carillas articulares.

Los huesos planos se componen de dos láminas de hueso compacto, entre las que existe tejido óseo esponjoso. La superficie de un hueso está perforada por conductos y poros, que permiten la entrada de vasos sanguíneos y nervios.

Los huesos presentan externamente una serie de accidentes característicos: líneas, crestas o rugosidades (que son prominencias lineales); tubérculos, maléolos o trocánteres (prominencias redondeadas); espinas o apófisis estiloides (prominencias a modo de puntas); fositas o fosas (depresiones más o menos grandes); surcos, meatos y forámenes (agujeros más o menos anchos); canales y carilllas (zonas planas y lisas). Los extremos en contacto de los huesos contiguos constituyen las articulaciones.

El crecimiento de los huesos se realiza a expensas de determinadas zonas cartilaginosas o conjuntivas, que van proliferando y, en contacto con el hueso, se transforman a su vez en tejido óseo. La soldadura de las fracturas de los huesos tiene lugar, en gran parte, por un proceso semejante al del crecimiento.

Una vez alcanzado el tamaño definitivo, los huesos no permanecen inalterados, sino que están sujetos a una renovación continua.

A continuación se presentan varios remedios para tener huesos fuertes que se pueden hacer en casa con ingredientes naturales.

 

Remedios populares

Remedio para tener huesos fuertes #1:  Hervir un puñado de hojas de ortiga seca en un litro de agua por 10 minutos.  Tapar y dejar refrescar.  Colar y tomar a lo largo del día.  Este remedio también resulta útil en el caso de osteoporosis.

Remedio para tener huesos fuertes #2: Verter 80 g de cola de caballo o equiseto menor y 60 g de centinodia en 2 litros de agua y hervir hasta que se reduzca a 1 litro.  Dejar refrescar, colar y distribuir en 8 partes a tomar en 4 días, a razón de 2 veces diarias, durante 16 días seguidos; descansar una semana y tomar de nuevo otros 16 días y así sucesivamente.

Remedio para tener huesos fuertes #3: Hervir 100 g de hojas de olmo y  30 g de hojas de nogal durante 10 minutos en 1 litro de agua, colar y tomar por un mes. Descansar otro y luego retomar este remedio por otro mes y así sucesivamente (un mes sí y otro no).

Remedio para tener huesos fuertes #4: Hervir  60 g de alfalfa en 2 litros de agua hasta que se reduzca a 1 litro, colar y añadir 40 g de trébol de agua.  Tapar y dejar en infusión durante 20 min, colar y distribuir en 8 partes a tomar en 4 días, a razón de 2 veces diarias, 4 días consecutivos por semana, durante 6 semanas seguidas, es decir, 24 días en total.  Luego, descansar 24 días y retormar el remedio por otros 24 días y así sucesivamente.

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Remedio para tener huesos fuertes #5:  Realizar una infusión con 1 cucharada de laurel en una taza de agua y tomar todos los días  por una semana.  Luego, retomar la siguiente semana y descansar y así sucesivamente.

 

Recomendaciones

Consumir alimentos ricos en calcio como los productos lácteos (especialmente yogur), brócoli, berro, etc. para tener huesos fuertes. El calcio necesita vitamina D para ser absorbido adecuadamente; asegúrese de asolearse cada día al menos 15 minutos (temprano en la mañana o en la tarde).

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Consumir pescado Las sardinas enlatadas y el salmón, con todo y los huesos, son ricos en calcio. La macarela y otros pescados grasos son ricos en vitamina D.

Ingerir soya La soya contiene no sólo calcio, sino estrógenos vegetales; ayuda a mantener la densidad ósea. Sustituya la harina normal por harina de soya en recetas cuando hornee. Coma “nueces” de frijol de soya asadas en lugar de cacahuates, y use la proteína de soya en platillos. Prepare bebidas con leche de soya (que no sea transgénica)

No excederse en la proteína Un consumo alto de proteína aumenta la excreción de calcio. Limítese a la dosis recomendada de 45 g al día para mujeres y 55 g para hombres. Muchos comemos el doble.

Limitar la cafeína Limite su consumo de cafeína al equivalente de tres tazas de café al día, pues la cafeína hace que el cuerpo excrete más rápido el calcio.

Comer cebollas En ratas macho, las alimentadas con 1 g de cebolla seca al día tuvieron una reducción de 20% en el proceso de descomposición ósea que conduce a la osteoporosis (un poco más que con el medicamento calcitonina).

Consumir comida fortificada Hay jugos de naranja y arándano, cereales para el desayuno y barras de cereal fortificados con calcio. Explore las tiendas.  Quizá le interese conocer recetas caseras de zumos para fortalecer los huesos

Reducir la sal Un nivel alto de sal en la dieta aumenta la cantidad de calcio que pierde el cuerpo. Muchas comidas procesadas tienen mucha sal; trate de no añadir más al cocinarlas o en la mesa.

Comer menos de esto Algunas comidas tienen mucho ácido oxálico y reducen la absorción de calcio: espinacas, ruibarbo, arvejas y chocolate. Otras contienen ácido fítico y bloquean la absorción de calcio con el salvado de trigo. Reduzca el consumo de todos estos alimentos.

 

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